Dentro de una instalación sencilla y común de energía solar existen varios elementos que hacen posibles la producción, almacenamiento y utilización posterior de esta citada energía como son los paneles, las baterías, sistemas de refrigeración, elementos para el almacenamiento y reguladores de carga entre otros.

Los reguladores de carga son uno de estos elementos clave que deben ser bien escogidos y seleccionados para el correcto funcionamiento de nuestra instalación fotovoltaica así como saber el modo de trabajo que estos permiten para así poder asegurarse de realizar la elección correcta.

Reguladores de carga

Lo primero que se debe tener en cuenta para esta selección es la existencia de dos importantes grupos de reguladores como es el caso de los reguladores PWM por un lado y de los reguladores MPPT por el otro.

Partiendo del punto de que las funciones básicas en ambos tipos son similares (bloquear la corriente inversa y prevenir sobrecargas), existen pros y contras que serán claves a la hora de tomar una decisión.

Los controladores PWM son, por lo general, más económicos que los MPPT y suelen asegurar una alta durabilidad ya que muchos de ellos poseen un sistema de refrigeración de calor pasiva. Además es importante destacar la versatilidad de estos reguladores PWM ya que son muchos los tamaños disponibles así como su gran adaptabilidad para diversas aplicaciones.

Sin embargo, estos reguladores también tienen una serie de desventajas ya que es necesario que el voltaje nominal sea equivalente al del banco de baterías y tienen una capacidad limitada al crecimiento de la estación.

Precisamente, los reguladores MPPT si que ofrecen una mayor sensibilidad al crecimiento de la instalación, lo cual es una de sus ventajas más importantes. Además, los MPPT suelen tener más garantías que los PWM y ofrecen un potencial de incremento en la eficiencia de carga de, incluso, el 30% como máximo aunque no es habitual llegar hasta estas cifras tan elevadas.

No obstante, no todo son ventajas en lo reguladores MPPT debido a que son más costosos que los PWM llegando a valer, en ocasiones, hasta dos veces más. Además suelen tener un tamaño mayor lo cual puede provocar ciertos problemas en relación a la instalación aunque generalmente subsanables.